Susana Salinas

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El maestro Álvaro Dávila con una canción señala a quien es responsable de su felicidad y equilibrio. La mejor forma de dar las gracias. La maestra Susana Salinas dibuja las manos de esa persona que protege y arropa a ese ser querido. Esas manos que guían una existencia con cariño y desinterés.

Quote Empecé como a abrazar esos elementos de lo que yo podría incluso como mujer poder darle a alguien y me gustaría ser la culpable de eso.

Álvaro Dávila es un compositor que entiende la canción como un punto de encuentro entre la experiencia y la emoción. Para él, escribir no es un acto inmediato, sino un proceso donde las ideas se acumulan, maduran y, de pronto, encuentran su forma. Cuando creó “La culpable” a inicios de los años ochenta, no solo estaba escribiendo sobre el amor, sino resignificando una idea profundamente arraigada: la de la mujer como origen de la culpa.

En lugar de reclamo o dolor, Dávila construye un discurso amoroso y luminoso: la mujer deja de ser responsable de las desgracias para convertirse en la razón de la felicidad. “Tú eres la culpable de que sea tan feliz”, propone, invirtiendo el sentido tradicional y convirtiendo la culpa en gratitud.

“Tú eres la voz que me da confianza, la mano que me levanta cuando ya no puedo más.”

El origen de la canción está profundamente ligado a su vida personal. Era una etapa en la que todo comenzaba a acomodarse: su carrera despegaba, su familia crecía y su relación de pareja le daba estabilidad y sentido. Esa conjunción de factores, lo vivido, lo escuchado, el contexto musical de la época dio forma a una canción sencilla, directa y fácil de cantar, pero cargada de honestidad.

Para Susana Salinas, el encuentro con la canción fue distinto. Antes de escucharla, decidió leer la letra como si fuera una carta íntima. Quería apropiarse del texto sin la influencia de la música ni del propio autor. “Quiero empaparme de Álvaro”, pensó, buscando una conexión más personal. Y en esa lectura encontró una emoción inesperada: no solo un hombre enamorado, sino alguien que necesita ser abrazado.

A partir de ahí, su obra se construyó desde la empatía. Su lenguaje visual; intenso, femenino y emociona, traduce la canción en una imagen donde el corazón ocupa el centro. Aparece un hombre enamorado, con los ojos vendados como símbolo del amor ciego, mientras su corazón, expuesto y frágil, se conecta con el resto de la escena mediante hilos sutiles. Las manos, la casa y los elementos que lo rodean refuerzan la idea de refugio, calor y pertenencia.

El proceso creativo de ambos revela un punto en común: la necesidad de equilibrio entre emoción y oficio. Para Dávila, una canción nace del sentimiento, pero necesita estructura para ser comunicable. Para Salinas, la creación pasa primero por el cuerpo  y después por la mente, que organiza y da forma a la imagen.

“Si no voy a contar nada, mejor no hago nada.”

La obra resultante no solo ilustra una canción, sino que la reinterpreta desde otra generación. Ahí radica una de las ideas centrales: el arte no pertenece a un solo tiempo. Una canción escrita hace décadas puede volver a cobrar vida cuando alguien más la lee, la escucha o la dibuja desde su propia experiencia.

“La culpable” se convierte en un homenaje a la permanencia del amor como tema universal. Tanto la canción como la imagen demuestran que las emociones auténticas atraviesan el tiempo, se transforman y encuentran nuevas formas de ser contadas. Porque, como sugiere la conversación, el arte siempre enfrenta la misma prueba: sobrevivir al paso del tiempo y seguir diciendo algo verdadero.


Carboncillo, grafito y estilográfica sobre papel
50 x 30 cm
2025

La culpable – Álvaro Dávila

   
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