Robie Espinoza

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Los bailes populares, las reuniones del pueblo alrededor de la música, de la convivencia, del gozo de la noche, nos traen La Guaracha Sabrosona del Maestro Alberto Pedraza; ese momento en que los cuerpos se funden para entregar el hedonismo de su cultura. El maestro Robie Espinoza dibuja el dinamismo de esos bailes donde todo el pueblo es un solo cuerpo; el cuerpo del placer.

Quote Pensaba un poco en esa narración, que tiene que ver con el ritmo y tiene que ver con el movimiento.

“La guaracha sabrosona” del músico Alberto Pedraza nació de una inspiración muy clara: la fuerza escénica y el carisma de la cantante cubana Celia Cruz, conocida como “La Guarachera de Cuba”. Alberto Pedraza compuso el tema en 2002 pensando en ella, recordando la forma en que interpretaba la música, cómo imitaba los instrumentos con gestos y sonidos, y cómo transmitía energía al público. Esa imagen fue el punto de partida para crear una canción pensada para el baile, para la pista y para la alegría colectiva.

Aunque la pieza es una cumbia, incorpora elementos de otros ritmos tropicales, como los bongós y el piano, que refuerzan su carácter festivo. El tema comenzó a difundirse en el ambiente sonidero cuando fue tocado por Sonido Marisol, lo que permitió que pasara de sonido en sonido hasta convertirse en un éxito popular que se escuchaba en bailes, fiestas y tianguis. La canción encontró su fuerza en ese espacio donde la música y el baile se encuentran directamente con la gente.

“Yo quiero bailar, muchachos, la guaracha sabrosona, con una linda muchacha que sepa bailar guaracha”.

El artista Robie Espinoza, encargado de crear el dibujo inspirado en la canción, explica que para él el baile también es una experiencia personal. Recuerda que la canción apareció durante su adolescencia, una etapa en la que el baile era una forma de encuentro, de cortejo y de conexión con los demás. De hecho, cuenta que conoció a su pareja bailando, por lo que su dibujo también funciona como un pequeño homenaje a esos momentos en la pista.

Para construir la imagen, Espinoza observó el movimiento de los bailarines y recordó la dinámica de los bailes tropicales: la pista llena, las parejas improvisando pasos y la comunicación silenciosa que ocurre entre quienes bailan. En esos espacios cada persona aporta algo distinto, innovando o respondiendo al ritmo, creando una especie de diálogo corporal colectivo.

El dibujo busca capturar justamente ese instante. Las luces, el movimiento y las figuras evocan el ambiente del baile, donde la música tropical convoca a la gente a reunirse y compartir la experiencia del ritmo. Más que representar un momento específico, la obra intenta transmitir la sensación del baile mismo: el encuentro, la improvisación y la alegría.

Al final, tanto la canción como el dibujo hablan de lo mismo: la capacidad de la música para reunir a las personas y convertir el ritmo en emoción compartida. Para Pedraza, ver al público bailar y disfrutar sus melodías es la mayor recompensa, porque en ese instante la música deja de ser solo una composición y se transforma en una experiencia viva.


Carbón sobre papel algodón
50 x 30 cm
2025

La guaracha sabrosona – Alberto Pedraza

   
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