
Sones de mariachi
Elisa Salas

La música sinfónica mexicana se enriqueció con la música popular; llegó a su fusión el conocimiento ancestral de muchos músicos con el conocimiento de la tradición, de nuestras raíces, así fue como surgió Sones de Mariachi del Maestro Blas Galindo, que hizo legendaria a nuestra música sinfónica y pudo darnos con toda su magnificencia el valor del mariachi, quedando así inmortalizado en un dibujo de la Maestra Elisa Salas.
Elisa Salas es una artista que explora la relación entre la música, la caligrafía y la imagen. Para ella, el dibujo puede convertirse en una forma de interpretar lo que una obra musical provoca en el espíritu. Cuando recibió la partitura de Sones de mariachi del compositor mexicano Blas Galindo, comprendió que el reto sería transformar la música en imagen a través de su técnica favorita: el caligrama.
Al principio surgió una dificultad evidente. La obra no tenía letra, y los caligramas suelen construirse a partir de palabras. Sin embargo, Elisa encontró la solución en la propia partitura: las notas musicales podían convertirse en su material de trabajo, como si fueran una paleta de trazos y ritmos visuales. Así comenzó a interpretar la música de otra manera, leyendo las notas no solo como sonido, sino como formas capaces de construir un dibujo.
Durante su investigación descubrió un detalle que la fascinó. Después de la Revolución mexicana, Blas Galindo tenía dificultades para conseguir papel pautado, por lo que buscaba una herramienta llamada “manita”, una pluma con cinco puntas diseñada para trazar los cinco renglones del pentagrama al mismo tiempo. Intrigada por esta historia, Elisa se propuso encontrar una. Tras buscar durante mucho tiempo, finalmente consiguió una y decidió utilizarla en su obra, permitiendo que cada trazo produjera cinco líneas simultáneas, como si la escritura musical se expandiera sobre el papel.
Mientras escuchaba la pieza y experimentaba con la herramienta, comenzó a preguntarse qué sensaciones le provocaba la música. La obra le transmitía una fuerte sensación de libertad, como si algo se desprendiera de su interior. Esa idea la llevó a pensar en el proceso natural en el que algunos animales mudan su piel o su exoesqueleto, dejando atrás una capa antigua para renovarse.
A partir de esa imagen surgió el concepto central de su dibujo: una figura que se desprende de sí misma, como si dejara atrás una piel que ya no necesita. No se trataba de un cambio físico, sino de una metáfora espiritual. Para Elisa, a veces cargamos con emociones, recuerdos o ideas que ya no nos pertenecen, y liberarnos de ellas puede permitirnos avanzar con mayor ligereza.
En la obra, las notas de la partitura de Galindo forman parte de esa piel que se desprende. Desde cierta distancia, los trazos generan efectos visuales que parecen vibrar o volverse borrosos, como si el ritmo de la música siguiera moviéndose dentro del dibujo. La artista, que de niña estudió piano y más tarde cantó en un coro, utilizó su sensibilidad musical para interpretar esas notas y convertirlas en textura, sombra y movimiento.
Al terminar la pieza, Elisa experimentó una sensación de calma y reflexión. Pensó en cómo la música, igual que el amor o el arte, reúne distintas dimensiones del ser humano: la mente, el espíritu y el cuerpo, de la misma forma que una orquesta reúne diferentes instrumentos para crear armonía.
Su dibujo se convierte así en un homenaje tanto a la obra de Blas Galindo como al poder de los símbolos. Un recordatorio de que algo tan simple como unas notas escritas en un pentagrama puede transformarse en música, emoción y, finalmente, en una imagen que habla de transformación, memoria y renacimiento.
Polvo de grafito, carboncillo y lápiz sobre papel
50 x 30 cm
2025
Sones de mariachi – Blas Galindo