
Peregrina
Gabriela Cortés

La peregrina de ojos claros y divinos, llegó y se quedó no solo en la memoria de todo Yucatán, se quedó en la memoria de una época, en el poético bolero de Luis Rosado Vega y Ricardo Palmerín. La maestra Gabriela Cortés dibuja esas memorias, esos recuerdos
La artista visual Gabriela Cortés aborda “Peregrina” como una exploración de la pérdida, la memoria y la idealización del amor. Inspirada en la canción del mestro Luis Rosado Vega y el compositor Ricardo Palmerín, parte de la idea de un amor profundo pero fugaz, probablemente vinculado a la figura de una mujer extranjera que llega, transforma y luego se va.
“Es una peregrina… está de paso y no permanece en un solo lugar”.
La canción evoca la historia de un amor intenso que no está destinado a quedarse. La figura femenina aparece como alguien en tránsito, cuya presencia deja una huella profunda. Esta condición efímera refuerza el carácter romántico de la obra: amar sabiendo que la otra persona partirá.
La idealización es un elemento central. El ser amado es descrito a través de comparaciones con la naturaleza; la luz, el paisaje, lo tropical, lo que intensifica su belleza y la vuelve casi inalcanzable. Para Gabriela, esta idealización surge especialmente a partir de la ausencia.
“Cuando existe una pérdida, la persona se vuelve una imagen ideal”.
Desde ahí construye su obra visual. Su punto de partida no es solo la canción, sino una experiencia personal de duelo. A partir de ello, desarrolla la idea de la “conversación interior”: ese diálogo ficticio que las personas mantienen con quien ya no está. Una forma de llenar el vacío, aunque esa conversación solo exista en la mente.
La composición refleja esta dualidad. Por un lado, un espacio interior complejo, representado en espirales, donde habita la emoción, la memoria y el conflicto. Por otro, un exterior más luminoso y sereno, que alude a la trascendencia de quien se ha ido.
“La pérdida ocurre dentro de nosotros; la trascendencia, en cambio, es más ligera”.
En su obra, Gabriela también enfatiza el contraste entre la intensidad emocional del duelo y la continuidad natural de la vida. La persona ausente deja un eco que permanece en gestos, rasgos y recuerdos, trascendiendo en quienes la rodean y en el entorno.
Finalmente, la pieza no solo dialoga con la canción, sino que la expande. Propone una reflexión sobre el amor que no se posee, sobre la aceptación de la partida y sobre la permanencia simbólica de quienes ya no están. Así, “Peregrina” se convierte no solo en una historia de amor, sino en una meditación sobre la memoria, la ausencia y el paso del tiempo.
Carboncillo sobre papel de algodón
50 x 30 cm
2025
Peregrina – Luis Rosado Vega y Ricardo Palmerín.