Eko de la Garza

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Eko  de la Garza

La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio hacen eternas las noches del mítico "Kumbala". El maestro Eko de la Garza dibuja esos personajes que bailan en una noche de libertinaje y misterio.

Quote El tigre es la noche, el tigre es el público, el tigre es la Maldita Vecindad.

El maestro Eko de la Garza es un dibujante que busca capturar la energía, la emoción y el misterio de la noche en cada trazo. Para él, dibujar no es simplemente representar lo que ve, sino traducir la experiencia, interpretar la atmósfera y hacerla tangible sobre el papel. Cuando recibió la canción “Kumbala” de los maestros Aldo y Lobito, supo que no podía acercarse al dibujo sin antes comprender el lugar, la música y la historia que lo inspiraban: “No puedes dibujar un antro que es mito y realidad a la vez si no entiendes qué sucedía ahí dentro”.

El kumbala no era solo un sitio físico; fue un ícono de la vida nocturna mexicana, un antro donde tocaban artistas legendarios como Tin Tan, Tangolele y Pepe Prado, y donde la música y la diversión se mezclaban con la clandestinidad y la pasión. Para Eco, entender ese espacio era esencial, porque el reto era capturar en un papel estático la vibración de un lugar que vivía en movimiento, luz y sonido: las luces de neón, el público entregado al ritmo, los tigres metafóricos que representan la noche misma.

Su proceso comenzó con la observación. El tigre, explica Eko, no es solo un animal; es la vecindad, es el público, es la intensidad de la noche. Las parejas que bailan con los ojos vendados no son solo figuras: son entregadas al ritmo, a la música, a la emoción del momento. “En esos antros, puedes cerrar los ojos y dejar que todo se sienta con el cuerpo y con la piel. Eso es lo que quería capturar”. Cada trazo de lápiz, cada línea de tinta china, era una búsqueda del instante exacto en que la música, la noche y la pasión se encuentran.

Como en un teatro, el escenario de su dibujo tiene luces y personajes que parecen atemporales, flotando entre lo real y lo imaginario. La intención era que el Kumbala no perteneciera solo a una década, sino que pudiera sentirse en cualquier momento, en cualquier ciudad, cada vez que alguien baila, ríe o se enamora. La canción de Aldo y Lobito le daba vida a la obra, y la obra, a su vez, reanimaba el mito del antro, haciendo que el Kumbala renaciera cada vez que la música sonaba.

El dibujo también es un homenaje a la colaboración, al poder del arte colectivo. Cada elemento, el tigre, la pareja, las luces,  dialoga con la canción, con los músicos, con la memoria de un lugar que sigue vivo en la imaginación. Como dice Eko, el arte enfrenta la misma prueba que la música: el tiempo. Las obras y las canciones se lanzan al mundo, y son las emociones y recuerdos de quienes las reciben los que deciden qué perdura.

En “Kumbala”, la música y el dibujo se encuentran en un instante preciso: un baile eterno, una noche que nunca termina y un espacio donde todo es posible. Es la noche hecha imagen, es la canción hecha pintura, es la memoria y la fantasía que conviven en un solo trazo.


Tinta china sobre papel
50 x 30 cm
2025

Kumbala - La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio

   
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