
Renunciación
Eddie Martínez

A veces por amor abandonamos. El maestro Antonio Valdés Herrera escribe renunciación y se despide del amor. El maestro Eddie Martínez dibuja ese ser que no merece ser olvidado.
Eddie Martínez es un artista que dibuja desde la emoción contenida. Para él, cada obra comienza con una pregunta difícil, una que no siempre tiene forma. Cuando recibió la canción “Renunciación” de Antonio Valdés Herrera, no encontró una imagen inmediata, sino un vacío: ¿cómo representar el acto de soltar aquello que más se ama?
“¿Cómo puedo representar un sentimiento tan abrupto?”
El proceso no fue fluido al inicio. Eddie llevaba años escuchando la canción, desde su infancia, en la voz de Javier Solís, pero esa familiaridad no facilitó la tarea. Al contrario, la volvió más compleja. La canción no narra, no describe: se entrega. Es un acto de desprendimiento absoluto, una renuncia que no tiene forma visible.
Durante un tiempo, el dibujo no aparecía.
Hasta que encontró un punto de anclaje.
“Hay una parte que menciona una lágrima, ahí comenzó todo”.
La lágrima no fue solo un elemento, sino una puerta. A partir de ella surgieron los ojos: dos miradas que no observan hacia afuera, sino hacia adentro. Porque en esa renuncia, lo importante no es lo que se pierde, sino lo que se siente al perderlo.
Desde ahí, la imagen empezó a construirse.
Y entonces ocurrió algo que el propio artista reconoce: la obra le pidió cómo quería ser hecha.
“La obra me dijo: ‘trabájame con puntos’”.
Así aparece el puntillismo. Un trabajo minucioso, paciente, casi obsesivo, donde cada punto construye volumen, emoción, silencio. Después, las aguadas de tinta suavizan, expanden, generan atmósferas. No hay líneas duras: todo parece diluirse, como si la imagen misma estuviera en proceso de desaparecer.
La composición crece desde ese primer elemento. Eddie no parte de un boceto completo; más bien, encuentra una forma inicial y permite que lo demás se organice alrededor. Es una manera de pensar el dibujo como un organismo: algo que se desarrolla, que respira, que se transforma mientras se hace.
En ese crecimiento aparecen los elementos de la naturaleza.
Las flores, por ejemplo, no están ahí como ornamento. Funcionan como símbolo de despedida. Así como en la muerte se colocan flores, en esta renuncia también hay un gesto de cierre, de finitud. Son bellas, pero efímeras, como ese amor que ya no puede sostenerse.
Las lágrimas, por su parte, no son solo lágrimas. También son olas.
Eddie recuerda el sonido constante del mar en su infancia, ese fondo sonoro que nunca se iba. En el dibujo, esa memoria se mezcla con la emoción: la lágrima se vuelve agua, el agua se vuelve movimiento, y en ese movimiento aparece incluso la luna reflejada, como un destello dentro del dolor.
La técnica refuerza esa sensación de irreversibilidad. Trabajar en papel, con tinta, implica no poder borrar. Cada trazo es definitivo. Cada decisión queda. No hay vuelta atrás. Y en ese sentido, el proceso mismo se vuelve paralelo a la idea de la canción: una vez que se suelta, no se puede recuperar.
El final de la obra no llega con certeza, sino con intuición. Existe siempre el riesgo de seguir, de intervenir de más, de arruinar lo que ya está. Detenerse también es una forma de renunciar.
En la conversación aparece otra capa: la memoria personal. Al trabajar la canción, Eddie regresa a su infancia, a ese momento en que la escuchaba cerca del mar. Pero no se trata de reconstruir el pasado tal cual, sino de traerlo al presente, transformado. Como si cada recuerdo fuera un fragmento que puede reactivarse en el dibujo.
“Hay cosas de la infancia a las que no puedes renunciar”.
Ahí se revela una paradoja: la canción habla de renunciar, pero el arte se construye con lo que no se puede soltar. Con aquello que permanece, que insiste, que vuelve.
Al final, la obra de Eddie Martínez no ilustra “Renunciación”. La atraviesa. La convierte en textura, en punto, en silencio. Porque hay emociones que no se pueden explicar, pero sí se pueden habitar.
Y en ese espacio, entre la lágrima y el mar, entre el trazo y la memoria, el dibujo encuentra su forma más honesta de decir adiós.
Tinta china sobre papel
50 x 30 cm
2025
Renunciación – Antonio Valdés