
Marcha de Zacatecas
Susana Salinas

La Marcha de Zacatecas del Maestro Genaro Codina Fernández es el himno del Estado, es un himno a su historia, a su épica dentro de la revolución y un aviso del gran futuro que tendría. La Maestra Susana Salinas, pinta el vértigo de la historia que acompaña esa pieza musical.
Susana Salinas es una pintora que trabaja desde la memoria y la emoción: su obra no solo representa imágenes, sino que condensa experiencias, identidad y territorio. Para ella, pintar es una forma de volver a habitar lo vivido. Cuando recibió “La marcha de Zacatecas” del maestro Genaro Codina, entendió que no se trataba solo de ilustrar una pieza musical, sino de traducir un símbolo profundamente arraigado en la cultura y en su propia historia personal.
El proceso comenzó con una pregunta compleja: ¿cómo contener en una sola imagen todo lo que significa esa marcha para los zacatecanos? Más que una canción, es una presencia constante: se aprende en la escuela, se escucha desde la infancia, se interioriza incluso sin conocer su origen. “Está casi en el ADN cultural”, se sugiere. Para Susana, esa carga emocional era el punto de partida.
“Como huracán que en su furor las olas rompen en la mar…”
Esa frase detonó uno de los elementos centrales de su obra: el huracán. Pero no desde la experiencia directa, sino desde la imaginación. Durante años, el mar fue para ella una idea lejana, una imagen construida solo a partir de palabras. El “furor” del que habla la canción se convirtió entonces en una fuerza interna, en una emoción acumulada que finalmente tomó forma en ese remolino visual que articula la composición.
La pintura se construye como una síntesis: historia, música y vida cotidiana convergen en un mismo espacio. Aparecen símbolos como el caballito mezcalero , eco de las tertulias donde nació la marcha, el libro, referencia a la memoria colectiva y a la educación, y los instrumentos, el arpa y el clarín que activan la dimensión sonora y marcial de la pieza. Todo gira alrededor de una energía central que no se detiene.
El clarín, además, se vincula con una figura femenina, una especie de mujer revolucionaria que introduce otra lectura: la presencia de lo femenino dentro de una marcha tradicionalmente asociada a lo bélico. Así, la obra no solo representa, sino que reinterpreta, ampliando el significado de la música.
El paisaje también es fundamental. La vegetación desértica, los cactus y la presencia simbólica del cerro de la Bufa anclan la imagen en Zacatecas. No es un escenario abstracto: es un territorio vivido, cotidiano, cargado de afecto. “Es muy Susana”, se dice, porque en él se reconoce su relación íntima con su ciudad.
“Quería hacer ese huracán que no conocía, pero que sentía.”
La obra se vuelve entonces un ejercicio de traducción emocional: convertir sonidos en formas, recuerdos en símbolos, palabras en movimiento. Como en la música, todo responde a un ritmo interno, a una intensidad que se transmite más allá de lo literal.
Al mismo tiempo, la conversación abre una dimensión más amplia: el arte como resistencia. En un contexto marcado por la violencia, los artistas aparecen como quienes generan otros espacios posibles, nuevas formas de habitar la ciudad. El caballete se vuelve trinchera, y la obra, una ventana distinta desde la cual mirar.
El resultado es una pieza profundamente emotiva, donde la marcha deja de ser solo un himno aprendido en la infancia para convertirse en una experiencia viva, personal y colectiva. Como la propia música, la pintura de Susana Salinas demuestra que las obras auténticas no pertenecen a un solo tiempo: se transforman, regresan y siguen encontrando sentido en quienes las vuelven a escuchar, a mirar y a sentir.
Carboncillo, grafito y estilográfica sobre papel
50 x 30 cm
2025
Marcha de Zacatecas – Genaro Codina Fernández