
Gema
Paulina Goca

El ser amado encarna lo más precioso y lo más valorado encarna lo más lo más excepcional, el maestro Wicho Cisneros le llama Gema en un bolero, la maestra Paulina Goca con su virtuosismo nos da ese recuerdo en una vieja fotografía que ella ha dibujado minuciosamente.
Paulina Goca es una dibujante que entiende el realismo no como una meta, sino como un lenguaje para hablar de lo invisible. Para ella, dibujar no es copiar lo que existe, sino reconstruir aquello que se siente: la memoria, el tiempo, la emoción. Cuando recibió la canción Gema, comprendió que no estaba frente a una simple historia de amor, sino ante un recuerdo que se desgasta con los años.
El proceso comenzó con la escucha. No una escucha casual, sino una inmersión. Volver a la canción, detenerse en cada verso, en cada pausa, en cada palabra que sugiere más de lo que dice. El bolero, como género, tiene esa cualidad: parece sencillo, pero es profundamente emocional. En el caso de Gema, la melodía envuelve una historia que no está del todo presente, sino evocada, como si alguien la recordara desde la distancia.
Para Paulina, entender eso era esencial. El reto no era dibujar a una mujer, sino dibujar un recuerdo.
Mientras analizaba la canción, apareció una imagen clave: la fotografía. No la fotografía digital, inmediata y perfecta, sino la fotografía física, la que se guarda, se dobla, se arruga, se olvida en un cajón. Esa elección no fue estética, sino conceptual. La fotografía se convirtió en el vehículo ideal para hablar del tiempo, de la memoria y de la pérdida.
El siguiente paso fue la construcción del rostro. Como en gran parte de su obra, Paulina no parte de una sola referencia. Recolecta fragmentos: ojos de una imagen, labios de otra, el cabello de otra más. Construye un rostro como quien arma un recuerdo incompleto. El resultado es una figura que no pertenece a una persona específica, pero que resulta profundamente familiar.
En ese proceso, la artista introduce un gesto sutil pero decisivo: el rostro se desvanece. No está completamente definido. Se pierde en ciertas zonas, como si el tiempo lo estuviera borrando. Esa decisión transforma el dibujo en algo más que un retrato: lo convierte en una experiencia emocional.
Dentro de la composición aparece un detalle mínimo, casi oculto: una pequeña joya. Una “gema”. No como elemento decorativo, sino como un guiño íntimo, un eco del título de la canción. Es un símbolo discreto que conecta la imagen con la música, como si ambas compartieran un secreto.
El uso del carboncillo refuerza esta intención. Es un material directo, sin artificios, donde cada trazo es definitivo. No hay capas que oculten el error, no hay vuelta atrás. Esa inmediatez dialoga con la esencia del bolero: pocos elementos, pero cargados de emoción. Así como la canción se sostiene con guitarra y voz, el dibujo se sostiene con luz, sombra y gesto.
“Lo importante no es que parezca una fotografía”, podría decir Paulina, “sino que se sienta como un recuerdo”.
Por eso, aunque su técnica es profundamente realista, la artista decide evidenciar el trazo, la textura, la intervención. La arruga del papel, la imperfección, el desgaste: todo está ahí para recordarnos que no estamos viendo un objeto, sino una interpretación.
Al final, su obra se convierte en un espacio donde convergen varias capas: la canción, la memoria personal, la historia colectiva y la propia mirada de la artista. Es un punto de encuentro entre lo que fue, lo que se recuerda y lo que se imagina.
Porque, como en el caso del chachachá para Ferlun, aquí también hay un intento de capturar algo que no puede detenerse: el paso del tiempo.
El dibujo de Gema no fija un instante; lo deja ir lentamente frente a nosotros.
Y en ese desvanecerse, encuentra su verdadera fuerza: recordarnos que hay imágenes que no desaparecen, solo cambian de forma en la memoria.
Carbón sobre papel algodón
50 x 30 cm
2025
Gema - Wicho Cisneros