
Cuando mueres por alguien
Cassandra de Santiago

El maestro Erick Rubín canta al amor que muere como una rosa. La maestra Cassandra de Santiago se inspira en una escultura que quieta y perfecta seduce incapaz de amar. Es el amor imposible el que vive, mientras los amantes mueren.
Erick Rubín entiende la inspiración como un encuentro entre disciplina y memoria. Para él, no basta con esperar a que llegue: hay que provocarla, trabajarla, estar en movimiento cuando aparece. Como decía Pablo Picasso, la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.
En “Cuando mueres por alguien”, esa chispa creativa nace de algo vivido, pero no inmediato. Es una emoción que ya pasó, que se quedó guardada y que, con el tiempo, maduró lo suficiente para transformarse en canción. Un amor no correspondido que, aunque doloroso en su momento, terminó convirtiéndose en materia prima para una de las piezas más significativas de su carrera.
Lo que describe Eric es un “banco emocional”: experiencias que se acumulan, se procesan en silencio y, eventualmente, encuentran salida en forma de música. No siempre hace falta estar viviendo algo en el presente; a veces basta una memoria, un libro o una película que reactive esa emoción. En este caso, la herida del desamor fue el detonante, pero la creación ocurrió después, cuando ya había distancia.
Además, la canción no surge en soledad. Hay una construcción colectiva: el compositor canadiense Phil Kuys aporta una idea inicial, incluso el título en inglés, y junto al productor Rafael Villafane terminan de darle forma. La creación, entonces, también es diálogo: entre memorias, entre personas, entre sensibilidades.
Cuando la canción llega a manos de Cassandra de Santiago, el proceso cambia de lenguaje, pero no de esencia. Ya no se trata de sonidos, sino de imágenes. Y para traducir la emoción, Cassandra hace algo fundamental: deja de escuchar la canción como oyente y comienza a estudiarla.
Identifica el núcleo emocional, el amor que ya no es correspondido, y encuentra una metáfora poderosa: el corazón que deja de latir, que se endurece, que se vuelve piedra. A partir de ahí, su propuesta visual toma forma en una escultura femenina. No una figura cualquiera, sino una que encarne esa transformación emocional.
Para lograrlo, recurre a la historia del arte. Visita el Museo Nacional de Arte (MUNAL) y, entre esculturas, busca una presencia que dialogue con la canción. No es una elección racional del todo; hay un momento de intuición, de conexión casi inexplicable. Finalmente encuentra la obra del escultor Enrique Guerra y reconoce en ella lo que estaba buscando.
Ese instante revela algo esencial del proceso creativo: hay un punto en el que el artista no decide, sino que reconoce. Como si la obra, de alguna manera, lo eligiera a él.
En paralelo, Erick describe un momento similar en la música. Sentado al piano, con una base armónica sencilla, comienza a tararear. No hay todavía una letra definida, pero sí una sensación clara: algo tiene fuerza, algo “funciona”. Esa energía —difícil de explicar, pero fácil de sentir— es la señal de que van por el camino correcto.
Ambos procesos, aunque distintos, comparten esa mezcla de método e intuición. Hay trabajo, estructura, análisis… pero también un “sexto sentido” que guía las decisiones más importantes.
Y luego viene el momento más complejo: soltar.
Erick lo resume con una idea de Gustavo Cerati: las obras no se terminan, se abandonan. Llega un punto en el que la canción deja de pertenecerle. Pasa a manos del público, que la interpreta, la canta, la resignifica. De hecho, muchas veces ya no es él quien la canta, sino la gente quien se la canta a él.
Cassandra vive algo similar. Su obra, inspirada en una escultura de 1904, se suma a una cadena de creación que atraviesa el tiempo: el escultor original, la canción de los 90, su reinterpretación en 2025. Cada pieza queda disponible para quien quiera encontrarla, mirarla, escucharla y sentirla.
Tanto la canción como el dibujo cumplen una misma función: decir lo que no siempre puede decirse de otra forma. El arte se convierte en un lenguaje alterno, en un espacio donde las emociones encuentran forma.
Carbón sobre papel
50 x 30 cm
2025
Cuando mueres por alguien – Erik Rubín, Rafael Villafane y John Kuys Philip