Cassandra de Santiago
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El amor es entre dos, permitir que intervengan otras personas contamina ese espacio sagrado. Carlos Rivera canta a la intimidad que protege a la pareja. La maestra Cassandra de Santiago dibuja la sábana que simboliza a la pareja y corre impecable por la calle, ignorando a la gente ajena a ese amor.
Carlos Rivera encontró en la música una forma de expresar lo que sentía desde muy pequeño. Para él, crear canciones nació como una necesidad casi natural: una manera de ponerle melodía a sus emociones y de comunicarse cuando sentía que no era escuchado. Cuando presentó la canción “Que lo nuestro se quede nuestro”, compartió no solo su significado, sino también la historia personal que hay detrás de su creación.
Su relación con la música comenzó a los 8 años, cuando estudiaba en un colegio de monjas. Como nadie en su familia se dedicaba al arte, fueron ellas quienes apoyaron su deseo de cantar. En ese momento empezó escribiendo canciones religiosas, algo que sorprendía mucho a las monjas. Fue entonces cuando descubrió que tenía facilidad para crear melodías.
“Sentía que me daba a entender mejor cuando le ponía música a mis emociones”.
Con el paso del tiempo, sus canciones cambiaron de tema. Al llegar a la adolescencia comenzó a escribir sobre amor y experiencias personales, y alrededor de los 15 años empezó a tomarse la composición de manera más seria. También encontró inspiración en la historia y las tradiciones de su tierra, Tlaxcala, a la que incluso dedicó un vals cuando tenía apenas 16 años.
La canción “Que lo nuestro se quede nuestro” ha sido interpretada por muchas personas como un himno al amor que se defiende del juicio de los demás. Sin embargo, Rivera explica que su origen es diferente: en realidad habla de una despedida entre dos personas que se amaron profundamente. La idea central es que, cuando una relación fue verdadera, es imposible que el amor desaparezca por completo.
“¿Cuánto te quise? ¿Cuánto te quiero?”
La artista Casandra de Santiago tomó la canción como punto de partida para crear un dibujo que interpretara visualmente su significado. Para ella, el arte surge también de una necesidad expresiva: no se trata solo de crear algo decorativo, sino de dar forma a las vivencias y a la manera en que una persona entiende el mundo.
Al analizar la letra, encontró un elemento clave: la intimidad de una pareja frente al juicio de la sociedad. Por eso imaginó la escena en las calles del centro de la Ciudad de México, un lugar lleno de historia y de personas que van y vienen. En su dibujo, el espacio público representa a la colectividad que observa y juzga, mientras que una sábana desplegada simboliza la intimidad compartida entre dos personas.
La obra contrapone así dos mundos: el de la vida privada, donde el amor se construye entre dos, y el del espacio público, donde siempre existen miradas externas que opinan o critican.
“Es una intimidad que trasciende cualquier lugar común”.
Al final, tanto el cantante como la artista coinciden en algo esencial: las obras de arte, una vez creadas, dejan de pertenecer completamente a sus autores. Una canción o un dibujo comienza entonces un viaje propio, llegando a personas que la interpretan desde sus propias experiencias.
Carlos Rivera recuerda con emoción cuando la canción fue reconocida por la Sociedad de Autores y Compositores de México. Más allá del premio, lo que más lo conmovió fue ver cómo una historia tan personal logró conectar con tanta gente.
Carbón sobre papel
50 x 30 cm
2025
Que lo nuestro se quede nuestro – Carlos Rivera
