Antonio Ferlun

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Antonio Ferlun

Originario de Puebla pero radicado en la ciudad de Saltillo desde hace doce años, reconoce que todo inicia cuando un niño intenta reproducir la realidad graficando en un cuaderno.

Quote No es necesario que tengas una pareja para bailar. El simplemente moverte, sentir la experiencia, el ritmo. Es algo que entiendes, ese ritmo

Ferlum es un dibujante que busca capturar el ritmo y la emoción en cada trazo. Para él, el dibujo no es solo una representación visual, sino una forma de interpretar y traducir experiencias. Cuando recibió la canción “Clases de Chachachá”, supo que no podía dibujar sobre un baile sin antes comprenderlo: “No puedes hacer una interpretación de una canción que trata sobre baile si no sabes cómo se baila”.

El proceso comenzó con la investigación. El chachachá tiene su origen en Cuba, derivado del mambo y de ritmos afrocubanos. Su nombre proviene del sonido que producen los pasos al deslizarse y chocar contra el piso: “cha-cha”. Para Ferlum, entender ese movimiento era esencial, porque el reto era capturar en un papel estático la energía y el ritmo de un baile que vive en el movimiento.

“Venga a bailar, venga a gozar con el compás del chachachá”.

Mientras estudiaba el baile y observaba a la gente moverse al ritmo de la música, apareció un recuerdo personal. Ferlum había tenido una perrita llamada Chacha, que llegó un día a su casa y se quedó. Con el tiempo desapareció, pero su memoria permaneció. En su dibujo decidió incorporarla simbólicamente, creando una especie de vínculo entre la canción, los compositores y ese recuerdo íntimo. En la parte superior de la obra aparecen como figuras casi teatrales, formando una pequeña “trinidad” que conecta memoria, música y afecto.

El escenario del dibujo tiene un aire de teatro: luces, telón y personajes que parecen a la vez futuristas y atemporales. La intención era que el baile no perteneciera solo a una época, sino que pudiera sentirse en cualquier momento. El chachachá, explica Ferlum, tiene algo especial: no siempre se baila en pareja, también es un ritmo colectivo, una experiencia compartida donde todos participan y se contagian de la alegría del movimiento.

“Lo que yo buscaba era capturar un momento del ritmo”, explica. “Solo tengo un espacio, un papel donde tengo que hacerlo sentir”. Por eso observó a los bailarines, escuchó distintas versiones de la canción y analizó cómo los maestros enseñaban el paso. El objetivo era encontrar ese instante preciso en el que el ritmo se vuelve emoción.

Al final, el dibujo es también un homenaje a la creación. A la capacidad de una canción para atravesar el tiempo, permanecer en las fiestas, en la memoria y en la vida cotidiana. Como dice Ferlum, el arte siempre enfrenta la misma prueba: el paso del tiempo. Las obras se lanzan al mundo y es el tiempo quien decide cuáles sobreviven.

La música, al igual que el dibujo, tiene ese poder. “Una canción es la mejor máquina del tiempo”, reflexiona. Puede llevarnos de vuelta a un momento específico de la vida, feliz o triste, y hacerlo presente otra vez.

Así, el dibujo de Ferlum intenta hacer lo mismo que la canción: conservar un instante de alegría, un ritmo compartido, una emoción que sigue viva cada vez que alguien escucha, o baila,  el compás del chachachá.


Carbón sobre papel 
50 x 30 
2025 

Las clases de chachachá - Ramón Márquez y Sergio Marmolejo  
   
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