Robie Espinoza

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La leyenda femenina baila, goza, bebe sin temor a lo que piensen de ella, solo quiere estar en el presente: es la leyenda de La Chona. El maestro Mario Quintero le hace un homenaje con esta canción que nos obliga a bailar con ella y recordar su presencia en cada fiesta. El maestro Robie Espinoza dibuja a la pareja que en ese momento elige La Chona para bailar toda la noche, la pareja efímera que olvidará para buscar más y más.

Quote Fue como reconectar con esa figura del baile y también con los personajes de la banda

Robie Espinoza es un artista que busca capturar en el dibujo la atmósfera de los momentos colectivos. Para él, el dibujo no es solamente una imagen, sino una forma de interpretar la cultura y las historias que viven en la música. Cuando recibió la canción “La Chona” de Mario Quintero Lara, entendió que el reto no era solo representar a un personaje, sino plasmar todo el universo del baile norteño que la canción evoca.

“La Chona” habla de una mujer que llega al baile con fuerza propia: baila sin detenerse, decide con quién bailar y se convierte en el centro de la fiesta. Ese personaje funciona como un arquetipo muy presente en la cultura del norte de México: una mujer segura, indomable y llena de energía. Para Espinoza, comprender ese carácter era esencial antes de comenzar a dibujar, porque la imagen debía transmitir no solo movimiento, sino también la personalidad de quien domina la pista.

El artista reconoce que la música norteña, popularizada por grupos como Los Tucanes de Tijuana, forma parte del imaginario colectivo del baile. En ese espacio se desarrolla todo un ritual: el cortejo, las miradas, la elección de pareja y la emoción compartida del público. En el caso de La Chona, esa dinámica cambia ligeramente, porque es ella quien toma la iniciativa y rompe con las estructuras tradicionales del baile.

“El corrido siempre cuenta una historia”, explica Espinoza. A diferencia de otras canciones que solo expresan sentimientos, el corrido funciona como una crónica musical que narra personajes y situaciones. Por eso, alrededor de La Chona existen múltiples versiones e interpretaciones sobre quién podría haber sido realmente. Esa ambigüedad es precisamente lo que permite que el personaje se vuelva parte del imaginario colectivo.

Para su obra, Espinoza utilizó carbón, una técnica que le permitió construir una atmósfera profunda y dinámica. El carbón tiene una cualidad especial: puede expandirse, borrarse y transformarse con facilidad. Un trazo puede desaparecer con un soplo o una servilleta, dejando apenas el fantasma de la imagen. Esa naturaleza efímera del material le permitió recrear la sensación del movimiento, como si el baile apareciera y se desvaneciera sobre el papel.

El punto de partida del dibujo fue la figura de la mujer que baila y atrae todas las miradas. En los salones de baile del norte, explica el artista, muchas veces la gente se reúne no solo para bailar con alguien, sino también para observar a quienes dominan la pista. La Chona representa precisamente ese momento: la persona que todos quieren ver bailar.

El resultado es una escena que captura la atmósfera del baile colectivo: músicos, público y movimiento reunidos en un mismo espacio. Más que ilustrar la canción, el dibujo intenta traducir su energía, como si el ritmo del acordeón y los pasos de la quebradita quedaran suspendidos en el papel.

Para Espinoza, el arte funciona de manera similar a las canciones populares. Ambas nacen de un momento específico, pero con el tiempo se integran a la memoria colectiva. Y es precisamente el tiempo quien decide qué imágenes, historias y personajes continúan vivos en la imaginación de la gente.


Carbón sobre papel algodón
50 x 30 cm
2025

La Chona – Mario Quintero 

   
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