
Caminos de Michoacán
Jorge Obregón

El Mtro. Bulmaro Bermúdez va persiguiendo el amor, va persiguiendo la infidelidad. Esta canción es un mapa de los celos que recorren el estado completo buscando aquella que lo engañó. El Mtro. Jorge Obregón, especializado en paisaje, nos da la ruta por la que va pasando ese amor despechado que busca desesperadamente a donde se fue ella.
Jorge Obregón es un pintor que entiende el paisaje como una experiencia vivida, no como una imagen distante. Para él, pintar implica recorrer, habitar y conocer el territorio desde el cuerpo. Cuando recibió la canción “Caminos de Michoacán” de Bulmaro Bermúdez, encontró un punto de conexión inmediato: no solo conocía ese espacio, lo había caminado, estudiado y observado durante años.
La canción, más que una simple narración, le reveló una estructura casi cartográfica. Al escuchar con atención los nombres de los pueblos, descubrió que no eran menciones al azar, sino un recorrido preciso que atraviesa todo el estado: del poniente al oriente, del norte al sur, hasta converger en el centro. Esa lógica lo llevó a pensar la obra como un mapa.
A partir de ahí, comenzó a reconstruir visualmente ese trayecto. Utilizó su propio archivo de viajes, apuntes y observaciones aéreas para trazar un territorio que no solo es geográfico, sino también emocional. En su dibujo aparecen volcanes, lagos, poblaciones y caminos que siguen el pulso de la canción, como si cada verso marcara una ruta.
El elemento clave fue la naturaleza volcánica de Michoacán. Obregón, que ha estudiado durante años el eje volcánico mexicano, incorporó esta característica como base de la composición. Los cerros, formados por volcanes monogenéticos, organizan el espacio y dan sentido al recorrido, mientras que los lagos y pueblos aparecen como puntos de referencia dentro de ese entramado.
“El territorio michoacano es una maravilla geológica”.
En el centro de la obra sitúa lugares emblemáticos como el lago de Pátzcuaro, rodeado de poblaciones que también aparecen en la canción. Cada elemento responde tanto a la geografía real como a la narrativa musical, creando una pieza que funciona simultáneamente como mapa, paisaje y relato.
Pero más allá de la precisión, Obregón también buscó comprender la intención del compositor. Interpreta la canción como la voz de alguien que domina su territorio, que conoce cada rincón y que, desde ese conocimiento, emprende la búsqueda de un amor perdido. No es una exploración incierta, sino un recorrido seguro, casi inevitable.
“Él traía ese mapa en el alma”.
Esa idea de memoria y pertenencia conecta con la propia historia de Bulmaro Bermúdez, quien vivió lejos de Michoacán pero mantuvo un vínculo profundo con su tierra. La canción, entonces, se convierte en un acto de nostalgia: una forma de recorrer mentalmente un territorio que sigue habitando en quien lo recuerda.
Para traducir todo esto, Obregón eligió la tinta japonesa, una técnica que exige precisión y decisión. A diferencia de otros materiales, no permite correcciones: cada trazo es definitivo. Esa cualidad dialoga con la intención de la obra, donde cada elemento está colocado con exactitud, como en un mapa que no admite errores.
El resultado es una pieza minuciosa, donde el paisaje se convierte en lenguaje. Un homenaje tanto al territorio como a la canción, donde el recorrido físico se mezcla con la emoción de buscar, recordar y pertenecer.
Al final, la obra revela que “Caminos de Michoacán” no solo habla de una búsqueda amorosa, sino también de un vínculo profundo con la tierra. Porque, como sugiere Obregón, hay territorios que no solo se recorren: se llevan dentro.
Tinta japonesa sobre papel
30 x 50 cm
2025
Caminos de Michoacán - Bulmaro Bermudes