Bernardo Loar

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En cada trago en vez de olvidar, nos enamoramos más. Geovani Cabrera y el maestro Horacio Palencia nos describen cómo ese trago marca el amor en “A Través Del Vaso”. El maestro Bernardo Loar pinta la mano que con un estigma se lleva el amargo trago de ese amor.

Quote ¿Cómo hago una obra tan grande, espero a la vez que sea simple? porque a veces lo simple es más complicado.

Horacio Palencia y Giovanni Cabrera son compositores que entienden la canción como un vehículo directo hacia la emoción. Para ellos, escribir no se trata solo de construir letras, sino de traducir sentimientos universales en palabras simples que cualquiera pueda hacer suyas. Cuando hablan de “A través del vaso”, dejan claro que su fuerza no está en la complejidad, sino en la honestidad: una canción nacida del dolor, del desamor y de esa necesidad humana de recordar incluso lo que duele.

El origen de la canción fue tan espontáneo como íntimo. Durante una reunión en Mazatlán, entre tragos de whisky y conversaciones, surgió la idea central: ver el rostro de un amor perdido reflejado en un vaso. Esa imagen, propuesta por Giovanni, detonó todo lo demás. En cuestión de una o dos horas, la canción tomó forma, construida a partir de frases sencillas pero cargadas de emoción.

“A los cuántos tragos me olvido de ella”.

Para los autores, ahí radica el verdadero reto: lograr que una canción conecte de tal manera que quien la escuche sienta que fue escrita para su propia historia. Muchas personas les han dicho que sus letras parecen describir exactamente lo que están viviendo. Esa identificación, explican, es lo que convierte una canción en algo que trasciende y se queda en la memoria colectiva.

También reconocen que el dramatismo juega un papel importante. Aunque dudaron en suavizar algunas frases, entendieron que el público conecta con ese exceso emocional, con esa forma intensa de vivir el amor y el desamor. Al final, decidieron respetar la esencia: una canción que no teme exagerar el sentimiento porque sabe que ahí está su verdad.

“Quisiera morirme en una buena peda, porque esto de amarte me trajo problemas”.

El proyecto se amplía con la interpretación visual de Bernardo Loar, quien asumió el reto de traducir la canción a una imagen. Para él, la clave fue partir de la idea más potente: mirar a alguien a través de un vaso. A partir de ahí construyó una obra que mezcla lo simbólico y lo emocional, donde el vaso funciona como un prisma entre el recuerdo y la realidad.

Su proceso incluyó referencias artísticas como la escultura de la mano de Dios de Rodin y la pintura de la Magdalena penitente de El Greco. Estos elementos aportan capas de significado: el dolor, la culpa, la espiritualidad y lo efímero de la vida. La figura femenina, vista a través del cristal, no es solo un recuerdo amoroso, sino también una representación de lo inalcanzable.

Al final, tanto la canción como la obra comparten una misma intención: capturar un sentimiento que todos reconocen. El amor que persiste incluso después de la ruptura, la memoria que no se borra y esa tendencia humana a aferrarse a lo que duele.

Como ocurre con todo arte, el objetivo es el mismo: quedarse en la memoria. Convertirse en algo que las personas canten, recuerden y sientan como parte de su propia historia. Porque, como sugieren los propios autores, una canción no termina cuando se escribe, sino cuando alguien más la hace suya.


Carbón sobre papel
50 x 30 cm
2025

A través del vaso - Horacio Palencia y Geovani Cabrera

   
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